martes, 5 de febrero de 2008

MH en revista Ciudad Invisible

“(Salvador)Allende es un personaje de la cultura popular. (Y pintarlo) Es también desentrañar la viga que sujeta lo que es un poco religioso, inamovible. Hay que mover (esas vigas) para meterlas dentro de un engranaje popular”Ricardo Contreras, MH, pintor



La Subversión Pop(ular)



txt y jpg: Felipe Montalva


Salvador Allende bajado de la cruz como cristo. Salvador Allende, otra vez, repartiendo armamento en la última cena. Un miembro de la Ramona Parra bailando cueca con un carabinero de las fuerzas especiales. Condorito tirado en medio de un charco de sangre tras haber sido apuñalado por un sospechoso cuyos pies guardan mucha similitud con los del pato Donald...

Esas son algunas de las imágenes de las pinturas de MH, un artista quilpueíno, de 40 años recién cumplidos, que posee un muy particular y atractivo trabajo plástico, a medio camino entre el pop y la historia política reciente. Y con un toque de humor envidiable: Provoca y hace trabajar el seso aunque algunos todavía se santigüen.


Hasta el 2003, a MH -o Ricardo Contreras, como dice su carnet de identidad- se le podía encontrar en las profundidades del pasaje Quillota de Valparaíso, en un pequeño local vendiendo libros de ocasión, discos usados y sus propios cuadros. Nota para los neófitos: El nombre “MH” lo sacó de una Mención Honrosa que obtuvo en un concurso hace casi 20 años atrás.

¿En qué íbamos? Ah. El negocio de ocasión... El asunto no era nuevo. En la feria de El Belloto y en la calle Blanco de Quilpué, este licenciado en Arte de la UPLA ya había ejercido idéntico rubro. Y no se trataba sólo de un asunto de subsistencia... Libros, música y revistas conforman el sustrato adecuado para que la pintura de MH vaya tomando forma y color. Una pintura llena de referentes y ecos. Una viñeta delirante con arte sacro, historia militante y rock. Arte harto pop.
“Me gustaban mucho las cosas de los años ‘60”, dice hoy, sentado en su taller, contiguo a su casa, ubicada en el centro de la ciudad del sol. “Los Beatles, Jimi Hendrix, Chuck Berry… Cuando era más joven usaba los marcos de lentes de Allende, cuando no estaban de moda… Como que me gustaba lo antiguo. Y las revistas como el Reader´s Digest, la Enciclopedia Estudiantil o las Estadio entraban en eso. Como revistero o librero, es súper bueno que te lleguen ese tipo de cuestiones son parte de una cultura popular, sobretodo, de gente de Quilpue”.

En febrero recién pasado, MH montó una exposición en el teatro Velarde de Quilpué, junto a algunos colaboradores. Allí estrenó públicamente uno de sus últimos trabajos, la serie “Los Chinos”, óleos inspirados en fotografías de revistas de la época de la revolución cultural china y que sirvieron para reiterar la vocación singularmente trasgresora de este artista plástico. Por ahí, en uno de las pinturas en blanco y negro, en medio de un trole, un Condorito lee el libro rojo de Mao, junto a otros compañeros. En otro, trabajadores de una fábrica de fósforos (que nos resultan sospechosamente familiares) sonríen mostrando sus overoles con la hoz y el martillo. MH cree ver bastante de Orwell ahí. “Creo que la gente de izquierda éramos bien fascistoides también y este tipo de soluciones, a la china, mentalmente nos acomodaban”, reflexiona.

Pero su aguda mirada también llega hasta el presente. Un óleo de muy reciente factura muestra un imponente supermercado rodeado de pequeños edificios de departamentos. Una postal del interior de la provincia. Un belloto 2000 en la plena. La uniformación de este lado, podríamos agregar.

Allende y Condorito.
En todo caso, no es casual que el personaje de Pepo irrumpa en la pintura de MH. Uno de sus trabajos más conocidos (y que él modestamente lo denomina “un exitazo”, como si se tratara de un single musical) es el “Condorito muere”, apuñalado por una pandilla de personajes de Disney, expuesto hoy frente a la barra del Café del Libro en Quilpué. “Hay harta gente que se pone a hablar conmigo por la pintura”, dice entre risas, el pintor. Y no es casual. Esa imagen del pajarraco bañado en sangre, caído sobre el pavimento como un shoro cualquiera que acaba de perder el lance, no deja indiferente a nadie. Casi tanto que el cuadro llega a ser politico.

Y si de lecturas políticas hablamos, Condorito no es el único personaje habitual en las pinturas de MH. Salvador Allende es otro y trafica de una manera mucho más provocativa. “Allende es un personaje de la cultura popular. (Y pintarlo) Es también desentrañar la viga que sujeta lo que es un poco religioso, inamovible. Hay que mover (esas vigas) para meterlas dentro de un engranaje popular. Como le pasó a Warhol con todos esos personajes que les sacó el aura de endiosados, hacerlas de forma seriada para quitarles eso religioso”, comenta.

En “La Última Tentación de Allende”, MH pinta, como si de la película de nombre parecido se tratara, a un Allende que no murió el 11 de septiembre de 1973, sino que se salvó y se puso a tener hijos con la Payita, y hoy, un poco más gordo y bonachón, ve los goles del Matador Salas en su casa decorada con los tics de los hogares de izquierda: El póster de Victor Jara, el busto de Neruda, las arpilleras…

Algunos elevarían el grito al cielo (rojo). Pero MH tiene cosas que decir. Militó desde muy joven en las JJCC y, definitivamente, se cansó de esa pudibundez, profundamente reaccionaria, en el mundo de izquierda. “Yo admiro a Allende como lo que fue pero no estoy ni ahí con la religión, con endiosarlo. Inclusive, con esa idea que tiene cierta gente de izquierda de esperar otro Allende... Además, uno tiene una pertenencia con el mundo de izquierda, y se siente con derecho a patalear allí porque es tu mundo”.

“Septiembre” es otro ejemplo de esa mirada, esta vez utilizando serigrafía. MH interviene la histórica foto pre golpe del 1973, aquella del militante de la Brigada Ramona Parra (BRP) aforrándole al carabinero de las fuerzas especiales. A uno le sacó el bastón y le puso un pañuelo. Al otro ídem. Conclusión, una cueca que bien podría definir a Chile. “En la pintura, y en el arte, creo yo, hay que tirarse sin miedo al asunto, faltarle el respeto a las cosas. Por aquí, en la región, a la gente (que pinta) la veo un poco temerosa, poco atrevida. Busca lo socialmente más aceptable, como más interesada en hacer monedas. Yo he hecho las cosas, tal vez, no pensando en molestar pero sí cachando que voy a tener que asumir algo que se va a venir. Aguantarme la patá en el culo. El arte tiene que ser revolucionario, para que se caigan las catedrales”, afirma MH.


Y esas catedrales también tienen formas más domésticas y comunales. MH se manifiesta crítico sobre el manejo que al tema cultural se le da en Quilpué y su pelea va por encontrarse con otros y montar un centro, un taller, una galería…”La situación del arte aquí y el interior de la región es paupérrima. Son políticas oficiales, de la Concertación, que no salvan a nadie. Ellos tienen centros culturales que trabajan conceptos populachentos; no existen lugares que se dediquen a mostrar cosas nuevas que le abran la cabeza a la gente”, dice mientras cranea nuevas arremetidas.
Revista Ciudad Invisible, mayo - junio, 2007

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